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| El Unitarismo Argentino |
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| Viernes 18 de Diciembre de 2009 00:00 |
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E
l primero de Mayo de 1853 se dotó, por intermedio de Justo José de Urquiza, Convencional Constituyente - Director Provisional de la Confederación, a la Argentina, de una constitución nacional que instauraba los principios rectores del país. La división de poderes y el carácter republicano fueron las directrices principales que de ella emanaban; esta fue la solución para terminar con un estado anárquico y encarar así una nueva etapa de desarrollo y progreso. La división de poderes resulta indispensable para una eficaz gestión gubernamental, dado que la autonomía e independencia de cada uno de los poderes (legislativo, ejecutivo, judicial) es absolutamente necesaria. Este es el sistema estructural que sostiene al estado. Sus falencias, claramente, podrían derivar en la desviación de la democracia. Cuando aquello sucede no se gobierna en nombre del pueblo, sino en pos de intereses particulares.
Ciento cincuenta y seis años después, y a veintiséis años del último proceso militar, se suceden acontecimientos que poco aportan a la democracia. Los últimos meses de la gestión del Gobierno Nacional, por no retroceder aún más, brindan garantías de que las instituciones son peligrosamente avasalladas. Nítidas muestras se vuelven evidentes al observar el funcionamiento del Congreso Nacional luego de sancionar en tiempo record, y obviamente sin el debido análisis, leyes que son trascendentales para el futuro desarrollo de la Nación: la ley de medios, la estatización de Aerolíneas Argentinas, la estatización de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones, y por último la controvertida reforma política. Sin embargo aunque estos ejemplos reflejan la obediencia del Poder Legislativo al Ejecutivo, un hecho sin precedentes aconteció en los últimos días, que avasalla aún más a la ya vapuleada República. El Poder Ejecutivo Nacional ordenó a la Policía Federal desoír una orden Judicial que instaba a realizar un desalojo en el sindicato de aeronavegantes; igual suerte sufrió el fallo que dispuso la restitución a su cargo, del ex procurador de Santa Cruz.
La gravedad institucional que estos acontecimientos reflejan sumerge aún más, a nuestra Argentina, en una situación colmada de incertidumbres con respecto al estado de derecho. Pareciera que el unitarismo prima sobre la Republica. Acciones como éstas materializan la marcada división que yace entre el Gobierno Nacional, que tampoco tomo nota de la derrota electoral del 28-J, y el pueblo. Respetar el principio republicano es indispensable para garantizar la democracia. La democracia es definida como el gobierno del pueblo (ejercido a través de sus representantes). El Gobierno Nacional y "popular" debe someterse a la justicia y no situarse por encima de ella. Este es el camino para darle al pueblo lo que es del pueblo; los principios de igualdad y equidad que se desprenden de su discurso no se concretarán a menos que su gestión se encauce bajo aquellos principios, que parecen haber olvidado.
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l primero de Mayo de 1853 se dotó, por intermedio de Justo José de Urquiza, Convencional Constituyente - Director Provisional de la Confederación, a la Argentina, de una constitución nacional que instauraba los principios rectores del país. La división de poderes y el carácter republicano fueron las directrices principales que de ella emanaban; esta fue la solución para terminar con un estado anárquico y encarar así una nueva etapa de desarrollo y progreso. La división de poderes resulta indispensable para una eficaz gestión gubernamental, dado que la autonomía e independencia de cada uno de los poderes (legislativo, ejecutivo, judicial) es absolutamente necesaria. Este es el sistema estructural que sostiene al estado. Sus falencias, claramente, podrían derivar en la desviación de la democracia. Cuando aquello sucede no se gobierna en nombre del pueblo, sino en pos de intereses particulares.